Huellas deterioradas, suspiros muertos,
recuerdos curtidos por el sol.
Bajo una montaña de hojas muertas
esta mi corazón, entre líneas trazadas
por el viento.
En medio de la putrefacción de la cuidad
finjo no encontrar hilos de colores
que ya debí olvidar
Tengo el descaro de disfrutar y hasta
compartir atardeceres que ya no me pertenecen.
Me reprocha por dejar mis palabras
en la tierra sin saber la razón, o tal vez
fingiendo ignorarla.
Después de todo creo que no es tan
grave que las manos se cansen,
que los ojos se rompan,
que los pies huyan,
que el corazón se encoja,
y que la demencia nos inunde.
Me pregunto si sentir se piensa
o si pensar se siente.
Ya no se si son diferentes,
ya no se si son lo mismo.
